miércoles, junio 03, 2009

exabrupto

No lo voy a pensar demasiado. Sale así, queda así. Hay algunas cuestiones sobre las que me veo en la necesidad de decir algo, de compartirlo.

Hace unas semanas estaba bastante seguro -casi completamente, podría decir- sobre mi voto del próximo 28 de junio; hoy no es así.

Estoy cansado de escuchar barbaridades: en mi lugar de trabajo, entre la gente que conozco bien y a la que quiero, en los colectivos. No voy a quejarme de nuevo sobre los contenidos difundidos por la enorme mayoría de los medios de comunicación. Hace rato que decidí leer Clarín sólo para saber cuál es el enfoque de la nueva campaña de difamación, de desinformación, de deformación, de omisión... La lectura de La Nación sigue deparándome el mismo placer retorcido de siempre. No miro televisión abierta porque sus propuestas son cada vez más penosas. Decidí escuchar y ver casi exclusivamente la red pública porque es la única que me demuestra respeto tratándome como una persona digna y pensante.

De un tiempo a esta parte fui haciéndome de una idea muy incómoda, que me costaba elaborar porque me ponía en un lugar de extrema indisposición, que me desubicaba respecto de la mayoría de mis allegados, pero que, afortunadamente, no me separaba de mis referentes y afectos electivos: la mayoría de la gente con la que tengo diario contacto vive engañada. Como la mayoría de estas personas son gente con educación, con acceso a la información, con recursos económicos, tengo que asumir que la mayor parte de la responsabilidad de que esto suceda no es el enorme, omnímodo y omnipresente poder que los medios de comunicación tienen en sus/nuestras vidas. Todas estas personas no son engañadas: están engañadas. Y la responsabilidad de su engaño no puede ser puesta en las perversas tecnologías que colonizan sus conciencias; la responsabilidad es, en cada caso, de ellos mismos. Ellos quieren permanecer engañados.

"Estamos peor que nunca". "Hay que sacarlos porque se llevan todo puesto". "Es para la caja". "Quieren la chavización". Gente que a lo largo de toda su vida hizo gala de no "ensuciarse" con la política, gente que no tiene la más mínima convicción o preocupación política, gente que jamás se tomó el trabajo de comprender mínimamente cómo funciona una democracia sustancial, gente que, sin tomarse cinco segundos para pensar de qué modo una empresa con una ínfima cantidad de acciones en poder de nacionales y con sede en el paraíso fiscal de Luxemburgo pueda ser argentina, repite que esto es estatización vergonzosa y violación de la soberanía nacional.

Gente.

Escuchar decir que estamos peor que nunca, me enardece. Insulta mi inteligencia. Escuchar al energúmeno del gringuito entrerriano, con su supina estulticia y su rusticidad primal, me enferma hasta la náusea.

Quiero que lo sepan: a partir de ahora voy a responder. La próxima vez que repitan, en mi presencia, estupideces que escuchan por los medios sin que medie la más mínima actividad sináptica personal, voy a responder. Los voy a poner en evidencia. Si es necesario, voy a estudiar estadísticas, números, datos cualitativos y cuantitativos, lo que sea.

Lo incómodo era en el lugar en que mi idea me ponía frente al resto. Pero, admitámoslo, tener razón sobre estas cuestiones no me convierte en un iluminado, en el portador de la verdad. Simplemente soy una persona medianamente inteligente que atiende a lo que otras personas más inteligentes, personas comprometidas, intelectuales y especialistas que desde hace ya mucho tiempo son para mí referentes sobre aquellas cuestiones de interés social, político y económico.

Cada vez que repiten estupideces faltan el respeto a la inteligencia de muchas personas que considero respetables. Decir que esas personas están confundidas, engañadas o, peor, cooptadas por el poder, es también faltarme el respeto a mí.

Los intereses que representan esas ominosas figuras de la vereda de enfrente, me hace reconsiderar mi voto: tal vez, otra vez, sea necesario votar a aquellos que, sin ser perfectos referentes de mis más profundas convicciones, garantizan obstaculizar el ascenso de la derecha neoliberal más reaccionaria y troglodita que, por primera vez en mucho tiempo, quedó expuesta de la manera más obscena en cada eslabón de la corporación de medios que foguea a diario un degradante clima destituyente.

El que avisa, no traiciona.

Eso. Nada más.

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7 comentario(s):

Blogger Ladislao supone...

Me gustó leer su post. Le tengo que aclarar que en algún momento ya estuve allí. Hace tiempo que dejé de callarme la boca frente a las estupideces de amigos, conocidos, aún colegas y compromisos de trabajo: les descerrajo una respuesta vehemente o al menos una pregunta insidiosa, a veces ingenua para desvelar su estúpida repetición.
No hay nada que me moleste más que la estupidez. Prefiero la hijaputez, por lejos, porque la detecto y puedo combatir. COntra la estupidez es más difícil.
Nada, un camino de salud ha elegido, en horabuena. Mis respetos.

03 junio, 2009 22:19  
Blogger Mendieta supone...

No es necesario los datos, los indices y eso (aunque suma). Hableles con el corazon. Capaz no convence a nadie, pero se va a sentir muy bien. Abrazo

03 junio, 2009 23:13  
Blogger Ariel supone...

acabo de tener la conversación telefónica más larga del año, en parte porque el amigo con que hablaba se encontraba muy cansado, exhausto, de discutir en su ambiente de trabajo científico, con mucha gente antikirchnerista acérrima, capaz de pasar por alto incluso que buena parte del desarrollo de su sector fue financiada por ESTE gobierno nacional.
Traté de tranquilizarlo, en virtud de que, tengo la impresión, esos derechosos trogloditas, finalmente, no pasarán.
Habrá que seguir trabajando, militando, hablando, rebatiendo, refutando las aberraciones argumentales que nos quieren vender algunos.

04 junio, 2009 00:33  
Blogger Ajenjo supone...

A veces pienso que no vale la pena discutir, que el prejuicio que los motiva a repetir como loros el discurso prefabricado de los medios y de sus lacayos, ahora candidatos. Que es un gasto inútil de energía, que no los voy a convencer, justamente porque no toman esa posición por convicción, si no por prejuicio.
Sin embargo, de cuando en cuando se me cae esta tranquilidad, y les respondo, porque como decís, me están faltando el respeto.
No soy kirchnerista, pero no quiero dejar que la derecha se adueñe de los espacios de poder.

04 junio, 2009 11:59  
Blogger MONA supone...

Totalmente de acuerdo con lo que decís. Yo siento lo mismo. Cada día me encuentro en el colectivo con conocidos que dicen barbaridades. Antes me callaba, pero ahora enfrento los comentarios. Te cuento que una vez quedé dando "cátedra" en el cole a favor de D'Elia, y parece que le puse tan5ta fuerza, que me dijeron que tenía razón (pero me parece que no estaban convencidos)
Cada día recibo mails de gente que considero bien plantada frente al mundo... y cuando les contesto (nungún exabrupto ¿eh?) no escriben más... se dan por ofendidos... Hasta una mujer, que trabaja en el servicio doméstico, me preguntó cúando se iba Cristina...
Ayer recibí de una colega, una reflexión muy calma, en la que me invitaba a ver que Lilita había advertido la extranjerización del suelo, y como nadie la tiene en cuenta, solamente porque ella es oposición, está alambrada la ruta 40, en el sur, por los propietarios de las tierras, los Beneton...
Vos sabés que a veces no converso de política para resguardar mi equilibrio emocional. Eso sí, ya me anoté para ser fiscal... porque no voy a permitir, en lo que a mí concirne, que nos dibujen un fraude electoral!!!
¿qué fraude? En mi flia todos votan K: mis 3 hijos, mi marido, mi mamá, mi hermana... (y de las cuñadas, mejor no hablo!!! grrrr...)
Saludos

10 junio, 2009 14:50  
Blogger ficcionalista! supone...

Gracias por compartir sus impresiones. Hoy tuve otro enfrentamiento en una sala de profesores. Llegué hasta que una directiva de la escuela articuló un encendido "porque estos mucho con los derechos humanos pero son dos dictadores, él y la mujer. Esto es una dictadura". En ese punto la miré fijo y no pude decir nada más porque entendí que el problema no pasa por la argumentación: vivimos en mundos paralelos. Otro directivo me espetó "vos tenés una obsesión con Clarín". Ok. Basta. No digo nada más. Es gorilismo genético: estas personas detestan todo lo que huela a peronismo, a populismo, a oportunidad para los más pobres y son capaces de repetir a coro "Nunca estuvimos peor".

10 junio, 2009 18:18  
Blogger Max Aguirre supone...

Los ruralistas fundidos de la década del 30 volvieron a ser solventes empresarios agropecuarios gracias al IAPI y los créditos blandos del Central que formaban parte del Primer Plan Quinquenal, sin embargo una vez recuperados de la miseria, enojados porque las leyes laborales peronistas le exigían pagarle a los peones como corresponde a un trabajador y no a un esclavo al que se le da una cucha donde dormir y comida de segunda, fueron parte del apoyo incondicional de aquella revolución que bombardeó civiles, que frenó la construcción de hospitales casi listos y mantuvo en la clandestinidad al partido que representaba el pensamiento de la mayoría del pueblo... en fin, por suerte aprendimos de la historia y no repetimos errores...jeje

27 junio, 2009 14:53  

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