viernes, mayo 21, 2010

ante Lost Series Finale: un manifiesto




Hay una corriente, importante en número, de entre quienes ven Lost: los maratonistas. Por culpa de su existencia, en nuestros ámbitos de estudio, lugares de trabajo, sitios públicos -sean plazas o bares, farmacias o ferreterías, incluso videoclubes-, quienes hemos elegido el camino arduo del visionado semanal, nos vemos privados de comentar con fruición, excitación o, por qué no, nuda y llana desazón, los pormenores sobre la reaparición de tal, o sobre la muerte de cual. Todo para no proscribirlos, para no negarles el privilegio que ellos se arrogaron con oscuras prerrogativas como ser el ver todo los episodios de una temporada, juntos y de corrido.

A ellos les decimos, les comunicamos, los ultimamos en este único acto que, emanado de mí pero encarnando la voluntad de muchos otros, los sufridos seguidores semanales, uniepisoidales, a ellos, digo, los conminamos: TIENEN UNA SEMANA, EGOÍSTAS. Les damos UNA SEMANA de gracia.

Considérense afortunados y objeto de nuestra misericordia. O tápense los oídos con cera, guachxs, porque vamos a gritar el final a los cuatro vientos, hasta que, nuestros desgañitados alaridos lleguen a la mismísima isla. Sepanlón.

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jueves, abril 01, 2010

advertencia

Tenemos algunos problemas con Deleuze/Guattari.

Digo: está todo bien, pero tenemos problemas. A lo mejor con Deluze está todo más o menos bien.

Pero Deleuze/Guattari... no sabemos...

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miércoles, junio 03, 2009

exabrupto

No lo voy a pensar demasiado. Sale así, queda así. Hay algunas cuestiones sobre las que me veo en la necesidad de decir algo, de compartirlo.

Hace unas semanas estaba bastante seguro -casi completamente, podría decir- sobre mi voto del próximo 28 de junio; hoy no es así.

Estoy cansado de escuchar barbaridades: en mi lugar de trabajo, entre la gente que conozco bien y a la que quiero, en los colectivos. No voy a quejarme de nuevo sobre los contenidos difundidos por la enorme mayoría de los medios de comunicación. Hace rato que decidí leer Clarín sólo para saber cuál es el enfoque de la nueva campaña de difamación, de desinformación, de deformación, de omisión... La lectura de La Nación sigue deparándome el mismo placer retorcido de siempre. No miro televisión abierta porque sus propuestas son cada vez más penosas. Decidí escuchar y ver casi exclusivamente la red pública porque es la única que me demuestra respeto tratándome como una persona digna y pensante.

De un tiempo a esta parte fui haciéndome de una idea muy incómoda, que me costaba elaborar porque me ponía en un lugar de extrema indisposición, que me desubicaba respecto de la mayoría de mis allegados, pero que, afortunadamente, no me separaba de mis referentes y afectos electivos: la mayoría de la gente con la que tengo diario contacto vive engañada. Como la mayoría de estas personas son gente con educación, con acceso a la información, con recursos económicos, tengo que asumir que la mayor parte de la responsabilidad de que esto suceda no es el enorme, omnímodo y omnipresente poder que los medios de comunicación tienen en sus/nuestras vidas. Todas estas personas no son engañadas: están engañadas. Y la responsabilidad de su engaño no puede ser puesta en las perversas tecnologías que colonizan sus conciencias; la responsabilidad es, en cada caso, de ellos mismos. Ellos quieren permanecer engañados.

"Estamos peor que nunca". "Hay que sacarlos porque se llevan todo puesto". "Es para la caja". "Quieren la chavización". Gente que a lo largo de toda su vida hizo gala de no "ensuciarse" con la política, gente que no tiene la más mínima convicción o preocupación política, gente que jamás se tomó el trabajo de comprender mínimamente cómo funciona una democracia sustancial, gente que, sin tomarse cinco segundos para pensar de qué modo una empresa con una ínfima cantidad de acciones en poder de nacionales y con sede en el paraíso fiscal de Luxemburgo pueda ser argentina, repite que esto es estatización vergonzosa y violación de la soberanía nacional.

Gente.

Escuchar decir que estamos peor que nunca, me enardece. Insulta mi inteligencia. Escuchar al energúmeno del gringuito entrerriano, con su supina estulticia y su rusticidad primal, me enferma hasta la náusea.

Quiero que lo sepan: a partir de ahora voy a responder. La próxima vez que repitan, en mi presencia, estupideces que escuchan por los medios sin que medie la más mínima actividad sináptica personal, voy a responder. Los voy a poner en evidencia. Si es necesario, voy a estudiar estadísticas, números, datos cualitativos y cuantitativos, lo que sea.

Lo incómodo era en el lugar en que mi idea me ponía frente al resto. Pero, admitámoslo, tener razón sobre estas cuestiones no me convierte en un iluminado, en el portador de la verdad. Simplemente soy una persona medianamente inteligente que atiende a lo que otras personas más inteligentes, personas comprometidas, intelectuales y especialistas que desde hace ya mucho tiempo son para mí referentes sobre aquellas cuestiones de interés social, político y económico.

Cada vez que repiten estupideces faltan el respeto a la inteligencia de muchas personas que considero respetables. Decir que esas personas están confundidas, engañadas o, peor, cooptadas por el poder, es también faltarme el respeto a mí.

Los intereses que representan esas ominosas figuras de la vereda de enfrente, me hace reconsiderar mi voto: tal vez, otra vez, sea necesario votar a aquellos que, sin ser perfectos referentes de mis más profundas convicciones, garantizan obstaculizar el ascenso de la derecha neoliberal más reaccionaria y troglodita que, por primera vez en mucho tiempo, quedó expuesta de la manera más obscena en cada eslabón de la corporación de medios que foguea a diario un degradante clima destituyente.

El que avisa, no traiciona.

Eso. Nada más.

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martes, diciembre 23, 2008

ZAFFARONI

"Cuando la prensa te dice que la mayoría de los homicidios son cometidos por menores de 16 años, miente. En la ciudad de Buenos Aires hay un solo chico procesado por homicidio y la mayoría de los homicidios siguen siendo intrafamiliares y machistas, para no contar los de tránsito.

–¿A qué atribuye esa campaña?

–René Girard dice que cuando en una sociedad se produce una violencia difusa, se la canaliza sobre un chivo expiatorio y se lo aniquila, se comete una masacre y después las víctimas se vuelven sagradas. La campaña contra los pibes es el primer paso para matarlos, el primer escalón del genocidio. No es una opinión, son cosas que la criminología latinoamericana conoce perfectamente. Una declaración de inconstitucionalidad nuestra en este marco inmediatamente iba a servir para que con cualquier pretexto se tendiese alguna trampa a un pibe: le hacen un entre, le ponen un arma nueve milímetros y lo determinan a alguna barbaridad para luego “sorprenderlo” y matarlo en el hecho. A partir de ahí, con amplia cobertura de medios, empieza la masacre bajo la consigna de que la Corte soltó a todos los pibes asesinos y ahora hay que matarlos. Yo en esa no me prendo.

–Usted habla sobre una hipótesis.

–¡Para nada! Es una verificación científica, criminológica. Hace veinte años en el Instituto Interamericano de Derechos Humanos se publicó, en el libro Muertes anunciadas, una investigación que hicimos sobre las ejecuciones policiales en América latina. Allí se describen las reglas del fenómeno, la efebofobia carenciada entre otros. La sociedad se ha olvidado de que aquí, en la ciudad y en el conurbano, las policías post dictadura ejecutaron a más de mil jóvenes en pleno gobierno constitucional, en supuestos “enfrentamientos” ampliamente cubiertos por el “noticiero del 9”, que llegaba antes del hecho, con gran beneplácito disfrazado de alarma por algún famoso comunicador ya fallecido. En 2001 la Suprema Corte bonaerense, con motivo de las denuncias por ejecuciones sin proceso, tuvo que hacer un registro de menores muertos por la policía, después de que el gobernador había lanzado la criminal consigna de “meter bala”.

–¿Es la misma idea que planteó Carmen Argibay al decir que es mejor mantener a los menores institucionalizados porque en la calle los matan?

–A ella la interpretaron mal, como si hubiera que tener a los pibes encerrados para tutelarlos. No, si hay que proteger a alguien no es a los pibes que están encerrados sino a todos los pibes pobres y villeros, que es el estereotipo sobre el cual se está fabricando el chivo expiatorio."
La entrevista completa se puede leer acá.

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domingo, octubre 12, 2008


Este blog está maldito.


Manéjese con cuidado y a discreción.

(Advertencia solo válida para la República Argentina)

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