sábado, julio 08, 2006

LA PREGUNTA ANIMAL

Pasa.
Es inevitable.
Tarde o temprano, con variantes, la situación se repite. Es cuestión de girar un poco sobre cuestiones antropológicas -novedad en la cotidianeidad para los involuntarios concurrentes a la clase– para que el tema se revele desde el núcleo más íntimo de alguno de los presentes. La alumna de aquí en más señalada como “T” es una de esas adolescentes sumamente respetuosas y aplicadas de la que todo padre puede enorgullecerse y que, lejos de ser una tarada, es un encanto de persona.

–¿Y qué otras características podrían proponer?
– El hombre es un ser religioso –propone T.
– Sí. El hombre es un animal que, además de lenguaje, arte, ciencia, produjo sistemas religiosos...
–No. Porque todos los hombres no creen en Dios –arriesga, decidida, una alumna.
– No. Pero no estamos hablando de individuos, de personas aisladas –justifica F!. No todos los hombres crean leyes o normas, ni configuran el mundo de la misma manera a través de los diferentes lenguajes. Incluso las personas ateas entienden a qué hacen referencia los creyentes cuando hablan de Dios o de la religión.

Aquí, una más o menos larga digresión entre numerosos alumnos sobre algunas creencias individuales, las posesiones vaticanas, las prácticas de los clérigos, sacerdotes y pastores, de si existen personas “verdaderamente ateas”, etc. Vuelta sobre el tema.

–Así que la racionalidad – continúa F!– no siempre puede ser aplicada en el abordaje de estas cuestiones porque...

T interrumpe. Se siente segura.

–¡Pero la existencia de Dios se puede demostrar racionalmente!
–¿Sí? ¿Hay alguna manera de hacerlo? –repregunta F!, haciéndose el salame.
–Sí. Un montón.
–¿Por ejemplo?

T se detiene por un par de segundos.

–Por el motor inmóvil.

Parece que T estuvo recabando información por su cuenta por medio de la lectura de bibliografía complementaria que éste escribiente recomienda cada año pero que casi nadie lee (me entero después que también con material de un seminario catequístico). El resto de la clase permanece mitad atenta, mitad boludeando (respetuosamente, por lo bajo).

–Bien –socializa F! la propuesta, aclarándole a la clase–: por las cinco vías. En el caso que comentás, Santo Tomás de Aquino tomó el concepto de Aristóteles. La primacía del motor en Aristóteles no tiene que ver con ser primero en el tiempo sino primero en el acto de movimiento. Cuando lo analizamos, en general, partimos también de un presupuesto: que el universo es finito y limitado, por lo tanto comenzó en algún momento. No ponemos en tela de juicio esa “verdad”. Es “lo dado” desde lo cual pensamos. Y Santo Tomás tiene el concepto de “creación” que le da un poco de ventaja. Si das por supuesta la “creación”, partís de algo no demostrado pero que ya orienta tu pensamiento hacia determinadas conclusiones: es necesario que un dios haya creado el universo. Porque “de la nada, nada sale”.

Y otras aclaraciones que, por economía y por no aburrir al lector, nos ahorramos de explicitar.

T. se queda mirando un punto fijo en medio de la nada. Mejor; un punto medio entre su nariz y el pizarrón, sin emitir sonido, por más de un minuto. F! sigue hablando a la clase, ejemplifica. Se empieza a aterrar sobre el efecto tremendo que ayudó a provocar en T. El pensamiento crítico a veces parece una pequeña piedra que se lanza a rodar por una pendiente sin ser conciente de los efectos no deseados. Le empieza a preocupar que la chica no diga ni mu.

Instantes más tarde, T comienza a mover la mandíbula como para dejar escapar alguna palabra. Hesita, no termina de despegar los labios, inspira por la nariz, profundamente. Vuelve a mover el maxilar mientras se acomoda en el asiento al tiempo que levanta los hombros y finalmente comparte:

–Entonces –T, en conato de angustia intelectual–¿no se puede demostrar la existencia de Dios racionalmente?
–No. No digo eso. En la vida cotidiana, en la actitud filosófica o en la actividad científica partimos siempre de presupuestos, de cosas que no discutimos. Si no, nos sería imposible pensar en cualquier cosa. Santo Tomás lo propone aún sin tener necesidad de probar nada a nadie. Los que negaban a Dios en esa época eran considerados necios, locos. Y a los necios no se les explicaba nada: eran marginados y listo.

F! continúa con una serie de apreciaciones que hacen que las involuntarias víctimas especulen, mascullen incoherencias ininteligibles o terminen con citas a Matrix para volver sobre el tema.

–En definitiva, el problema de la existencia de Dios ¿es una cuestión de qué? –interroga F! a la clase.

Varios responden a coro:

–De fe.
–Bien. Para el que tiene fe, problema solucionado.
–¿Y para el que no tiene? –pregunta T.
–Me parece que el acto de creer es una cuestión que pasa más por lo emotivo, lo afectivo. Hay personas –fundamenta F!– a las que le podés ir con elaboradísimas formas de demostrar racionalmente que Dios existe... y nada. Y si les pasa algo significativo, algo profundo, cambian radicalmente su actitud. Para esas personas, me parece que termina haciendo más una sola Teresa de Calcuta que un ejército de Tomases de Aquino.

T observa algo inquieta pero menos preocupada y la clase, inexplicablemente, se mantiene en orden mientras F! agrega:

–Entonces hay que sincerarse y no encerrar al hombre sólo en la esfera de su racionalidad. El hombre es también afectividad. Es cuestión de dejar que el que se lo propone, quiere o se anime, en asuntos de fe, pueda dar el salto que eso, creer, supone.

Y entonces, otra alumna, C, desde el centro mismo del aula, arroja la inevitable, inexorable, irrevocable pregunta contra un F! desprevenido, con la guardia depuesta a causa de la extensa actividad argumentativa desplegada:

–Y, usted ¿cree en Dios?

El costo de conducir a los pequeñuelos por tamaños berenjenales nunca es bajo.

15 comentario(s):

Blogger Ling supone...

Usted es grosso, F!.

En serio.

09 julio, 2006 00:33  
Blogger maxaguirre supone...

Usted es groso, ciertamente. Ahora bien, usted ¿Cree en Dios?

09 julio, 2006 03:42  
Blogger Laumagog supone...

Apabullante. Ojalá todos los profesores tomaran ejemplo.
Difícil cuestión, esta de la fe, difícil cuestión plantearla desde el punto de vista de la filosofía. Más fácil hacerlo desde un punto de partida antropológico. No le arriendo la ganancia, F!, pero le admiro, su discurso es, desde todos los aspectos, irreprochable.

09 julio, 2006 09:42  
Blogger Coxon supone...

Dejando de lado el hecho que usted es grosso, le pediría que me presente a T.
Sin embargo, eso puede llegar a acarrerale problemas a usted y una innecesaria fama de "necesitado" a mi.

09 julio, 2006 22:14  
Anonymous Juan Martín supone...

Difícil esta cuestión de la religión, pero sin dudas muy interesante. Desde hace unos años me quedé con ciertas conclusiones sobre el porqué de La Fe y el porqué de la necesidad (de muchos) de aferrarse a ella. Éstas se consolidaron al leer a Adorno y a Horkheimer en su Dialéctica del Iluminismo. Allí, en su descripción dialéctica sobre la decadencia iluminista hacia la barbarie, explicaban que el Hombre, desde épocas remotas, buscó explicaciones para eliminar las incertidumbres que lo rodeaba. Esto es historia vieja y sabida: el Hombre ante la naturaleza temible, ante el "mana", acontecimientos indescifrables que obstaculizaban su camino hacia el progreso, comenzó a intentar explicar lo que sucedía y -le- sucedía. En primeros etapas a través de conclusiones míticas, a través de los poetas, de explicaciones mágicas. Desde la Palabra, desde el verso como movimiento creador de la Verdad. Y luego haciendo uso y abuso de la religión, también, como otro sustento frente a lo desconocido (y por eso, temible). La Fe, como herramienta humana útil ante lo desconocido. Los hombres, así, necesitan de la Fe para enfrentarse ante el mundo. Porque incluso la Razón es impotente frente a muchas de las situaciones que los humanos vivimos. Díficil -si no es imposible- explicar el Amor desde la Razon y la Ciencia; en fin, las pasiones y los sentimientos en general desde ella.

Cito a Adorno y Horkheimer:

"[El mundo Burgués] Cuando puso límites al saber, ello por lo general no aconteció para dar paso al arte, sino a la fe. Mediante la fe, la religiosidad militante de la nueva edad -Torquemada, Lutero, Mahoma- ha pretendido conciliar espíritu y realidad. Pero la fe es un concepto privativo: se destruye como fe si no expone continuamente su diferencia o su acuerdo con el saber. Puesto que está obligada a calcular los límites del saber, se halla limitada también a ella. El intento de la fe, en el protestantismo, de hallar el principio trascendente de la verdad, sin el cual no hay fe, como en la prehistoria, directamente en la palabra, y de restituir a ésta su poder simbólico, ha sido pagado con la obediencia a la letra, y no ciertamente a la letra sagrada. Por quedar siempre ligada al saber, en una relación hostil o amistosa, la fe perpetúa la separación en la lucha para superarla: su fanatismo es el signo de su falsedad, la admisión objetiva de que creer solamente significa no creer más. La mala conciencia es su segunda naturaleza. En la secreta conciencia del defecto por el cual se halla fatalmente viciada, de la contradicción que es inmanente a ella, de querer hacer un oficio de la conciliación, reside la causa por la cual toda honestidad subjetiva de los creyentes ha sido siempre irascible y peligrosa. Los horrores del hierro y del fuego, Contrarreforma y Reforma, no fueron los excesos sino la realización del principio de la fe. La fe muestra continuamente que posee el mismo carácter que la historia universal, a la que quisiera dominar; en la época moderna se convierte incluso en su instrumento favorito, en su astucia particular. Indetenible no es sólo el iluminismo del siglo XVIII, como ha sido reconocido por Hegel, sino, como nadie mejor que él lo ha sabido, el movimiento mismo del pensamiento. n el conocimiento más ínfimo, así como en el más elevado, se halla implícita la noción de su distancia respecto a la realidad, que convierte al apologista en un mentiroso. (...) La paradoja de la fe degenera al fin en la estafa, en el mito del siglo XX, y su irracionalidad se trasfigura en un sistema racional en manos de los absolutamente iluminados, que guían ya a la sociedad hacia la barbarie."


Ahora bien, entonces, la Fe como relato mitológico del siglo XX es funcional al desarrollo iluminista y a su tendencia técnico-instrumental y manipuladora. No me quiero ir por las ramas (aunque soy conciente de que ya me deslicé por muchas de ellas), pero a lo que voy es a algo parecido a lo plasmado por vos, F!. Está en creer o no, en tener o no Fe. Ya que la Fe no es más que una invención humana, un instrumento más en la búsqueda de certidumbres máximas, en la tendencia a alejarse del terror que lo desconocido produce.

Muy lindo Blog!.

Saludos.
Juan Martín@Avistando Quimeras.

09 julio, 2006 22:17  
Anonymous Juan Martín supone...

(Hablando de Fe..) Fe de erratas :P: Conciente? --> Consciente.

Ahora sí, saludos.
Juan Martín.

09 julio, 2006 22:29  
Blogger JuanCo supone...

Y digo yo, en tren de ponerse preguntón: ¿Hay una remota posiblidad de que usted F! y yo seamos hermanos?. Digo, por esto de partir desde un mismo inicio creador allá lejos y hace tiempo. No sé. Me gustaría eso de andar diciendo Mi brother F!.

SAlute

JJ

11 julio, 2006 12:55  
Blogger Ling supone...

Solamente a Ud., Graham, se le ocurre que lo contacten con alguien con quien no va a poder pecar.

11 julio, 2006 22:42  
Blogger Laumagog supone...

Buenísimo, Ling, buenísimo el comentario.

12 julio, 2006 02:53  
Blogger Coxon supone...

Le sorprende Ling?

13 julio, 2006 10:49  
Blogger Chiquilín de Bachín supone...

Bueno, veo que F! no nos va a contestar si cree o no en el Primer Motor Inmóbil ni en la Causa de las Causas. Resignémonos, muchachos.

14 julio, 2006 23:01  
Anonymous Anónimo supone...

Por fin encuentro un blog donde se habla y se piensa como me gusta...volveré seguido.

23 julio, 2006 20:36  
Anonymous Maitén supone...

Habría que preguntarse si eso a lo que llamamos "Ciencia" o "Razón" y que nadie termina por entender bien qué es, no es más que otra herramienta (como la religión) que el hombre ha desarrollado para tratar de comprender su entorno, tratar de entender el mundo (aunque la usemos más seguido para destruírlo)...
La verdad (al menos la mía) es que no sabemos nada... y hemos construído nuestras propias explicaciones para un mundo que nos aterra y que desconocemos... los pueblos aborígnes con el totemismo y sus ideas sobre la creación, los católicos con Dios y lo de los 7 días... algunos con la ciencia y la razón... y otros (me incluyo) morirán sin repuesta alguna.

Les dejo algo interesante...
"(...) - Pero esos pasos atrás son como desandar el camino de la especie - protestó Gergorovius.
- Sí - dijo Oliveira -. Y ahí está el gran problema, saber si lo que llamás la especie ha caminado hacia adelante o si, como le parecía a Klages, creo, en un momento dado agarró por una vía falsa.
- Sin lenguaje no hay hombre. Sin historia no hay hombre.
-Sin crimen no hay asesino. Nada te prueba que el hombre no hubiera podido ser diferente.
- No nos ha ido tan mal - dijo Ronald.
- ¿Qué punto de comparación tenés para creer que nos ha ido bien? ¿Por qué hemos tenido que inventar el Edén, vivir sumidos en la nostalgia del paraíso perdido, fabricar utopías, proponernos un futuro? Si una lombriz pudiera pensar, pensaría que no le ha ido tan mal. El hombre se agarra de la ciencia como de eso que llaman un áncora de salvación y que jamás he sabido bien lo que es. La razón segrega a través del lenguaje una arquitectura satisfactoria, como la preciosa, rítmica composición de los cuadros renacentistas, y nos planta en el centro. A pesar de toda su curiosidad y su insatisfacción, la ciencia, es decir la razón, empieza por tranquilizarnos. "Estás aquí, en esta pieza, con tus amigos, frente a esa lámpara. No te asustes, todo va muy bien. Ahora veamos: ¿Cual será la naturaleza de ese fenómeno luminoso? ¿Te has enterado de lo que es el uranio enriquecido? ¿Te gustan los isótopos, sabías que ya trasmutamos el plomo en oro?" Todo muy incitante, muy vertiginoso, pero siempre a partir del sillón donde estamos cómodamente sentados.
- Yo estoy en el suelo - dijo Ronald - y nada cómodo para decirte la verdad (...)"

Julio Cortázar - Rayuela
Capítulo XXVIII

26 julio, 2006 00:25  
Anonymous Maitén supone...

Me olvida... felicitaciones F! lindo blog

26 julio, 2006 00:27  
Anonymous Anónimo supone...

I'm impressed with your site, very nice graphics!
»

16 agosto, 2006 14:22  

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