miércoles, agosto 16, 2006

FANTASMAS

Por el principio se empieza. Se empieza por el comienzo. Se comienza por el principio. Cosa buena buscar el principio; mejor, encontrarlo.

¿Está el principio en una calle de Loulé?
Está tal vez ahí el principio, en la casa de mi madre. La madre que no está, que se fue. Se va fugando la puerta de la casa de mi madre, mientras traza una línea imaginaria y diagonal sobre la superficie de la luneta trasera de un auto portugués, mientras resuena todavía el eco de la voz que dice “ésa era la casa de tu madre”. La casa que tenía una puerta que se fuga, que se vuelve más y más pequeña ya no sobre la superficie del vidrio sino del otro lado, de afuera. Y yo que me digo para adentro que paren el auto, que quiero bajar, que quiero pararme en esa vereda angosta de Loulé y tocar la superficie de la puerta que se me antoja verde en la memoria.

La memoria que guarda también el patio de mi casa de Once que tampoco está y de la que por mucho tiempo solo quedó una chapa esmaltada con un número, “176”, negro sobre blanco, oval y descascarada en un costado oxidado. Hoy ya no está. “Está en su memoria”, me dice. “Está en mi memoria”, le digo, pero no puedo tocarla porque no queda de esa casa ya ni un mísero vestigio, una mínima porción de materia de la que asirse.

Porque el cuerpo de la memoria es un fantasma tenue. Tenue como se vuelve también la memoria de una puerta lusitana y distante que traza la imaginaria línea diagonal sobre la superficie de un vidrio ciego. Y mi madre –fantasma también– viene a regalarme la materia de sus sueños, masa dúctil para el análisis –dice la analista– porque –pienso yo– el sueño es lo que tenemos y lo que perdimos. Los sueños de mi madre perdida en las calles soñadas de Loulé a cincuenta años y miles de kilómetros de saudade y lejanía.

“Está en mi memoria”, le digo.

Y se escapan las lágrimas, incontenibles. Como a un chico. Como al cowboy del patio de la casa de Once que hoy también es un fantasma.

Etiquetas:

5 comentario(s):

Blogger Puck supone...

Por Oberón, f! Casi me saltan las lágrimas a mí, leyéndolo.
Y pensar que es de pésimo gusto un comentario laudatorio en un blog, qué pena. El cuerpo de la memoria como un fantasma tenue, claro que sí.
Mis respetos, profundos y peludos respetos.

17 agosto, 2006 00:52  
Blogger Laumagog supone...

Cuando leí tu texto, F!, recordé esta columna de Félix de Azúa, publicada hace unos años en El País:

VERANO

FÉLIX DE AZÚA, 26-VI-2002
Ya estamos todos aquí de nuevo. La arena cruje bajo el sol despiadado, las islas Medas tiemblan detrás de una cortina de vidrio, los pinos se retuercen en su grieta roqueña. A mi alrededor hablan en holandés, catalán, francés, español, alemán, para decir lo mismo, que el agua está helada, que te pongas crema, que cómo quema la arena. Cada año igual, como los girasoles. Llegan grupos de jóvenes dinámicos, ellos con el calzón por la rodilla, ellas con un dos piezas aún más sucinto que el del año pasado. Unos menguan, otras crecen. Van hacia el agua y ellos las empujan. Chillidos, risas, tiernos insultos. Cada año igual. Figuras eternas, escenas esculpidas en la dura materia del tiempo, imperecederas. Y la más clásica, la que conmueve más profundamente, la de esas criaturas en perpetua agitación, corriendo como ardillas, y en constante súplica: '¡Mamá, mírame!'. En todos los idiomas del planeta. Abre las carnes, tanta fragilidad.

Trotan torpemente hacia el mar, pero antes de zambullirse como ranas vuelven la cabeza: '¡Mamá, mírame!'. Cavan un pozo, hacen volatines, se ponen los pies de pato: '¡Mamá, mírame!'. Las madres, hermosas y adormiladas, condescienden, miran con un gesto entre escéptico y burlón: 'Que ya te veo...'. Y luego suspiran.

Imagino que algún dentista, tras acabar un delicado empaste, se dirá a sí mismo: '¡Mamá, mírame!'. Y los políticos, cuando salen en una foto junto a jefes de Estado; y los futbolistas, y todo quisque. Desde luego, sé de muchos escritores que al concluir una página inmortal se dicen: '¡Mamá, mírame!'. Y suelen ser huérfanos, o su madre se fugó a un país brumoso donde el verano dura un día. No importa, buscaremos desesperadamente esa mirada toda la vida pidiendo permiso para poner empastes, firmar decretos, concluir páginas inmortales, para seguir viviendo. Así, imagino yo, buscan los desmesurados ojos de las vírgenes andaluzas sus devotos, temerosos de perder la vida ante una virgen ciega: '¡Mírame, soy tan frágil...!'. Esa necesidad, esa dolorosa necesidad...

Que me perdone el Defensor del Lector, pero debo concluir esta columna playera honradamente: 'Estés en donde estés, ¡mamá, mírame!'.

17 agosto, 2006 01:01  
Blogger Coxon supone...

Hagame lagrimear desubicado, hagame lagrimear...

18 agosto, 2006 15:09  
Blogger Wasabi supone...

“Quien intenta acercarse a su propio pasado sepultado tiene que comportarse como un hombre que excava. Es indispensable la palada cautelosa, a tientas, en la tierra oscura. Quien solo haga el inventario de sus hallazgos sin poder señalar en qué lugar del suelo actual conserva sus recuerdos, se perderá lo mejor. Por eso los auténticos recuerdos no deberán exponerse en forma de relato sino señalando con exactitud el lugar en que el investigador se apoderó de ellos. Épico o rapsódico en sentido estricto, el recuerdo verdadero deberá, por lo tanto, proporcionar simultáneamente una imagen de quien recuerda, así como un buen informe arqueológico debe indicar ante todo qué capas hubo que atravesar para llegar a aquella de la que provienen los hallazgos”
Walter Benjamín. “Desenterrar y recordar”. Cuadros de un pensamiento.
Celebro su recuerdo. Mi pensamiento lo saluda en este día.

19 agosto, 2006 14:42  
Blogger maxaguirre supone...

¿Sos boludo vos? ¿No ves que tengo una cosa así de llanto congoja aputada ahora?
Decididamente no podés escribir, no podés escribir TAN bien.

20 agosto, 2006 12:07  

Publicar un comentario

<< volvé a ficcionalista!