miércoles, junio 01, 2005

DEL AMOR (PLATÓNICO) Y OTROS DEMONIOS

Los tópicos, a veces, insisten en cruzarse ante nosotros como inquietantes instrumentos, cómplices de una salvaje voluntad schopenhaueriana. Como autómatas recorremos nuestras memorias –esos inestables constructos, precarios marcos móviles de los que somos, si no víctimas, al menos esclavos más bien dóciles– y las ideas se nos pegan al conciente como garrapatas. Nos conducen por esos pasillos pocos frecuentados de la mente, nos hacen pensar en quiénes fuimos, en qué creímos, cómo nos proyectamos, cómo llegamos a donde sea que estemos. Uso –yo, de mi hablo– ese plural inclusivo como para atenuar el peso de semejante servidumbre, de tamaño destino de títere, por eso de que mal de muchos bien sirve de consuelo a los tontos, pero de ninguna manera pretendo participar al que lee de situaciones que bien pueden serle en absoluto ajenas. Uno –que por impersonal tampoco deja de ser el que escribe y una de las tantas maneras de eludir el yo prosaico al que cada quien esté acostumbrado– tiende a volverse sustancialista para no renegar solo y anda echando mano del recurso a la "naturaleza humana" para mitigar las consecuencias de esos viajecitos interiores de los que vuelve con las manos llenas de preguntas y nunca con una certeza, con una mísera certeza siquiera pegada a la suela del zapato o mal prendida de una botamanga del pantalón o de la punta de la falda.

El amor platónico es el tópico que motiva semejante digresión. El amor platónico del que tantos hablan (hoy por lo menos dos a quienes leo o escucho; muchos más, seguro enamorados, sobre la faz de la de la desamorada tierra). El amor platónico que no hubiera dejado un cobre al pobre Platón que habló de otra cosa. Porque nada tiene que ver el amor platónico con andar por ahí –perdón, GC– perdiendo el sentido por otra persona que no lo sabe, o que lo sabe pero se lo calla, o con la que no desea uno pegarse una revolcada o que lo revuelquen, o con quien uno no espera compartir un crédito en el Banco Hipotecario o los más humildes estantes de una biblioteca para renegar un día por ese espacio vacío en que tan bien lucía el grueso volumen de la Historia de América Latina que ya no sabe ser ahí. (Observen –además de dispensar el paréntesis– que el amor que ya no es, superada la angustia de la pérdida, la carencia, la incompletitud, acaba siempre por manifestarse bajo otra de las formas de la ausencia, principalmente, hiatos tremendos en los estantes que acumulan libros y discos.)

El amor platónico es un camino de ascenso que va de las formas sensibles bellas a la misma idea–eterna, abstracta e inasible– de belleza. Hombre de sensibilidad superior, no sabemos cuán borracho estaba Platón al articular semejante idealización (ab)usando para ello (de) la boca de Sócrates mientras vaya a saber uno con qué trozo de carne ocupaba la suya. Porque el amor platónico, después del Banquete lo sabemos, en nada se contrapone con la enfebrecida delectación morosa o el desatado abandono a la hora de los bifes.

Así es como el amor platónico más tiene que ver con estar en absoluto fascinado con esa persona que elude el estereotipo de belleza tan redondamente como para que quienes nos conocen no puedan dejar de preguntarse cómo puede ser posible que devinamos en tal estado por la vida con semejante esperpento. Es ahí que vendría en nuestro auxilio el novedoso concepto, que humildemente me animo a proponer, de amor cartesiano: el corazón tiene razones que la razón no comprende.

Creo yo que ya es hora, con tanta amorosa agua corrida bajo el puente, de reclamar ante el Tribunal de la Historia por alguna forma de amor aristotélico que venga a poner un poco de orden en semejante despropósito.

Digo.

Eso. Nada más.

5 comentario(s):

Blogger Ling supone...

Cuánta, pero cuánta razón, Don F... de todas maneras, no me venga, el amor es una convención social y punto. Por eso adscribo a un amor, no sé, tal vez weberiano, mucho pero muy racional. Usted, si quiere, siga paseándose con esperpentos por ahí...

01 junio, 2005 21:33  
Blogger Chiquilín de Bachín supone...

Sí, sabía que nos tenían engañados con esto del amor platónico. Con lo de lacooniano, por el Laocoonte de Lessing pasa algo parecido, ¿verdad?

En fin, me gusta la propuesta aristotélica para cualquier cosa que se le oponga a Platón.

02 junio, 2005 04:25  
Blogger Ca supone...

Sos muy simpático fixio..

el primer párrafo de este post me pareció "en absoluto" superior a todo lo que encontré hoy en los bloguetes..

que bueno..

02 junio, 2005 12:37  
Blogger Coxon supone...

No tiene porque disculparse acerca de mi ignorancia.

No obstante, y a pesar de su corrección, aun sigo suscripto a la admiración de sensibilidad y belleza de las cosas.

02 junio, 2005 12:50  
Anonymous arlequín supone...

F! Es bien cierto que la belleza de su planteo me produce algo muy parecido al enamoramiento, pero esta tendencia no es concreta -yo, de mi hablo-, y es tan racional que me produce un escalofrío muy bárbaro a la altura de las patillas.
Por lo tanto, y en pleno goce del ejercicio de la ignorancia, adhiero a la visión de Graham, pues no puedo dejar de enamorarme de todo aquello con que sintonizo, en lo que descubro belleza.
Por lo tanto, sin intenciones de predicar religión alguna, propongo amar, amar hasta morir. Practicando este verbo, nos salvamos.
Los amo a todos.
A!

03 junio, 2005 11:15  

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