sábado, septiembre 02, 2006

PESSOANA

..., barcos que pasan en la noche y ni se saludan ni se conocen.

Bernardo Soares, Libro del desasosiego, 318

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5 comentario(s):

Blogger Melibé supone...

El mismo libro página 191 texto 178
ese
ese mismo
el libro, me lo devolvieron ayer, tengo un mp3 como testigo

¿el mismo libro si es ed emecé? Sino suerte.

06 septiembre, 2006 03:32  
Blogger efe supone...

"Éramos amigos y nos hemos vuelto extraños. Pero está bien que sea así, y no queremos ocultarnos ni ofuscarnos como si tuviésemos que avergonzarnos de ello. Somos dos barcos y cada uno tiene su meta y su rumbo; bien podemos cruzarnos y celebrar juntos una fiesta, como lo hemos hecho - y los valerosos barcos estaban fondeados luego tan tranquilos en un puerto y bajo un sol que parecía como si hubiesen arribado ya a la meta y hubiesen tenido una meta. Pero la fuerza todopoderosa de nuestras tareas nos separó e impulsó luego hacia diferentes mares y regiones del sol, y tal vez nunca más nos veremos - tal vez nos volveremos a ver, pero no nos reconoceremos de nuevo: ¡los diferentes mares y soles nos habrán trasformado! Que tengamos que ser extraños uno para el otro, es la ley que está sobre nosotros: ¡por eso mismo hemos de volvernos más dignos de estimación uno al otro! ¡Por eso mismo ha de volverse más sagrado el recuerdo de nuestra anterior amistad! Probablemente existe una enorme e invisible curva y órbita de estrellas, en la que puedan estar contenidos como pequeños tramos nuestros caminos y metas tan diferentes -¡elevémonos hacia ese pensamiento! Pero nuestra vida es demasiado corta y demasiado escaso el poder de nuestra visón, como para que pudiéramos ser algo más que amigos, en el sentido de aquella sublime posibilidad. Y es así como queremos creer en nuestra amistad de estrellas, aun cuando tuviéramos que ser enemigos en la tierra."

Friedrich Nietzsche; "La amistad de las estrellas" en De la gaya scienza, 279

06 septiembre, 2006 14:08  
Blogger Chiquilín de Bachín supone...

Y yo, barco perdido bajo cabellos de abras,
lanzado por la tromba en el éter sin pájaros,
yo, a quien los guardacostas o las naves de Hansa
no le hubieran salvado el casco ebrio de agua,

libre, humeante, herido por brumas violetas,
yo, que horadaba el cielo rojizo, como un muro
del que brotan —jalea exquisita que gusta
al gran poeta— líquenes de sol, mocos de azur,

que corría estampado de lúnulas eléctricas,
tabla loca escoltada por hipocambos negros,
cuando julio derrumba en ardientes embudos,
a grandes latigazos, cielos ultramarinos,

que temblaba, al oír, gimiendo en lejanía,
bramar los Behemot y, los densos Malstrones,
eterno tejedor de quietudes azules,
yo, añoraba la Europa de las viejas murallas.


Arthur Rimbaud, «El barco ebrio».

07 septiembre, 2006 17:33  
Blogger Melibé supone...

a rose is a rose is a rose is a rose

08 septiembre, 2006 08:02  
Anonymous Anónimo supone...

¿"en la pampa legendaria
donde relincha el peludo"?
(¿juan josé saer, "las nubes"?)

16 octubre, 2006 09:04  

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